– Nuestro Editorial- Belgrano: Mi barrio, tu barrio.

Calles arboladas, la salida de la estación, la caminata de Conesa hasta Cramer con el inigualable sello que tiene el barrio de Belgrano cuando nos alejamos de la bulliciosa calle Cabildo donde muestran igual apuro los que bajan al subte que los llevará al corazón de la ciudad, como los que se dirigen a los muchos negocios que se extienden desde Nuñez  hasta pasando Lacroze.

Por eso, este rincón de Belgrano es un lugar para detenerse y observar. Sentir el aire perfumado por el verdor de los jardines, ver a los estudiantes alborotados dispersarse hacia sus casas y, si se tiene un momento,  tomar un café en alguno de los barcitos cercanos a la estación.

Buenos Aires nos sorprende día a día con sus estampas otoñales, pintadas con los colores del atardecer y con la posibilidad de encontrar a la vuelta de cualquier esquina, ese lugar inesperado que nos trae un recuerdo o que simplemente nos abre las puertas a la belleza de la ciudad.

Una ciudad donde todo contrasta, lo ostentoso y lo humilde, lo tumultuoso y lo tranquilo, una ciudad donde los personajes son los vecinos y sus historias.

Historias ligadas siempre a una casa, un barrio, una ciudad. Casas que vieron transitar la historia de sus ocupantess, muchos de ellos inmigrantes que las habitaron. Y continuaron inmutables al paso de las generaciones, de los cambios,de los años, y que se preparan para seguir siendo mudos testigos de una historia que solo tendrá fin para ellos cuando sus viejas paredes o los añosos troncos de los árboles que la circundan, caigan por la piqueta inexorable del tiempo y sean reeplazadas por altos edificios, modernos, impecables, pero que no ofrecerán esa mágica sensación de las casa con historia